Anita Varas

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Dejé de querer copiar la realidad cuando vi mi mente ir del pasado al futuro sin parar.

Ahí entendí que pintar era mirar hacia adentro.

Trabajaba haciendo ropa en mi tienda, participaba en ferias y exposiciones. Con el tiempo empecé a sentirme vacía y cada día se hacía insostenible sentarme a coser. Todo se había llenado de ruido nuevamente. Así que me salí de ahí. Me lo agradezco hasta hoy. 

Me puse a estudiar un postítulo de arteterapia para reconectar con el arte que siempre amé. Fue en un curso de pintura en que volví a pintar de manera libre, espontánea y me pude aislar del ruido.

Así que me dije: voy a pintar, no sé cómo lo voy a hacer, pero yo quiero pintar.

Tomé un diplomado de pintura. Solo el hecho de estar en ese campus me daba alegría. Era el campus de mi infancia cuando tocaba violín, donde corría por los patios internos sintiendo el sol, cantando, sintiéndome libre y abrazada por la naturaleza, pequeña e inmensa al mismo tiempo.

Volví a la biblioteca a leer muchísimo sobre meditación y abstracción. Buscaba en la teoría entender por qué hacía lo que hacía. Pero dejé de pintar.

Me di cuenta que de algún modo estaba buscando validación afuera en lugar de aceptar cómo yo sentía la pintura y mi conexión con las plantas.

Pintar para mí es volver a mi infancia: a esa alegría que siento desde dentro, esa sonrisa que se desliza por mis labios, el entrecejo se suelta. 

Y todo dentro se vuelve a articular desde el amor.

Si quieres volver a lo que hay en ti, aquí está cómo encontrarnos.

Anita Varas

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